El domingo estaba en la fila de las tortillas en el mercado de Fortín. Calor pegajoso de las nueve, la señora de adelante con su bolsa del mandado y yo nomás viendo el reloj porque se me hacía tarde para el desayuno. Me preguntó si yo era la que corre. Le dije que a veces. Me dijo bajito, como confesión: es que yo quiero entrarle, pero me da pena ser la última.
Me reí con ella, pagué mis tortillas y me fui. Pero esa frase se me quedó todo el día en la cabeza. Porque yo también la dije una vez. Y porque esa pena frena a más gente de Córdoba y Orizaba que el cansancio, el sol o no tener tenis buenos. No es flojera. Es pensar que todos te van a ver llegar sola cuando ya recogieron todo.
Aquí nadie llega sola
Te lo digo como es: en una carrera de pueblo, familiar y con causa, la meta no se recoge cuando llega la primera. Se queda puesta, con música y con voluntarios, hasta que entra la última persona. Te aplauden igual. A veces más fuerte, porque todos saben lo que cuesta animarse la primera vez.
Esta carrera 5k es así. Vienen señoras con sus hijos, chavos que solo van a acompañar a su papá, familias completas que caminan un tramo y trotan otro. Nadie anda cazando quién llegó al final para burlarse. Al contrario. En Fortín nos conocemos. El que llega primero se queda a echar porras. El voluntario del arco te grita tu nombre si lo traes en el número. Y la gente de la Fundación CREE te recibe como lo que eres: alguien que se apuntó para ayudar y para moverse.
Si tu miedo es estorbar, quítatelo. Las calles son anchas al salir y luego cada quien agarra su paso. Tú vas a lo tuyo. Nadie te va a empujar, nadie te va a tomar el tiempo con cara seria. Traes tu cuerpo, tus ganas y tantito nervio. Con eso basta.
Ponte atrás sin pedir permiso
El día del arranque, no te pongas hasta adelante por pena. Ponte en medio o atrás, donde van los que van tranquilos. Ahí va la gente que platica, que se ríe, que también siente el corazón a mil. Salir ahí te quita presión. Sales a tu ritmo, ves a los rápidos irse y no te jala la ola.
Y ponte de acuerdo contigo misma antes de salir:
- Si necesitas caminar, te orillas a un ladito y caminas. Tomas aire y sigues.
- Si viene un puesto de agua, lo agarras sin detenerte en seco. Te lo tomas caminando unos pasos.
- Si te rebasan, que te rebasen. Tú no vienes a ganarles a ellos. Vienes a terminar lo tuyo.
Ir atrás también tiene ventaja: ves a la porra, escuchas los gritos, agarras ánimo de los que van igual que tú. Créeme, se hace grupito solo. Siempre hay alguien que va a tu paso y ni cuenta te das cuando ya van platicando.
Trae a quien te grite tu nombre
Si te da cosa ir sola, no vayas sola. Invita a tu hermana, a tu vecina, a tu hijo grande. Aunque no corran, que vayan. Que te esperen en una esquina con una botella y te griten. Eso cambia todo en el kilómetro donde ya quieres pararte.
Diles dónde verlos para que los tengas en la cabeza:
- Que se pongan más o menos a la mitad, donde se oye más bulla.
- Que lleven tu sudadera para que no cargues con ella corriendo.
- Que te esperen después del arco, del lado donde salen todos, no en plena meta.
Y si van niños, mejor. Los niños no tienen pena de gritar. Te ven llegar y corren hacia ti como si hubieras ganado. Para ellos ganaste. Y para la causa también. Porque cada inscripción suma para la rehabilitación y la educación especial que atiende la Fundación. No solo fuiste a correr. Fuiste a sostener algo.
Caminar un tramo también es terminar
Te lo digo directo porque nadie te lo dice: casi todos los que empiezan caminan un pedazo. No pasa nada. No te descalifican, no te sacan, no te miran feo. Pararte dos minutos a respirar no borra los kilómetros que ya hiciste.
Lo que sí ayuda es tenerlo pensado desde antes. No como fracaso, sino como parte del plan. Por ejemplo: troto hasta el árbol grande, camino hasta la tienda, troto otra vez. Así no peleas contigo misma. Solo sigues tu trato. Y cuando cruzas la meta, la cruzas corriendo si te quedan piernas, para la foto y para el gusto. Levanta los brazos. Grita si quieres. Para eso es.
Si buscas una carrera 5k para quitarte esa espina de ser la última, que sea esta, en casa, entre tu gente. Revisa la convocatoria, aparta tu lugar y avísale a tu porra. Ponte atrás, ve a tu ritmo y termina caminando si hace falta. Te prometo algo: no vas a llegar sola. Te vamos a estar esperando.