Me comí dos tamales antes de correr y lo pagué en el kilómetro dos.
Me levanté con nervios, con hambre y con la idea de cargar pila. Vi la vaporera en la cocina y pensé que mientras más comiera, más aguantaría. Error de novato.
Salí trotando contento. Al poco rato el estómago empezó a brincar conmigo. Cada paso se sentía pesado. Tuve que bajar el ritmo, caminar, respirar y ver cómo me pasaban todos. Ese día aprendí lo que ahora te quiero ahorrar: el día de la carrera 5k no se desayuna para aguantar, se desayuna para llegar ligero.
Desayuna lo de siempre, no lo de fiesta
El estómago nervioso no quiere sorpresas. Dale lo que ya conoce.
Si entre semana desayunas pan con café, eso desayuna. Si desayunas plátano con avena, eso. El día de la carrera no es para probar el puesto nuevo ni para comer doble por si acaso. Lo nuevo, aunque sea sano, puede caerte pesado con los nervios.
Come con tiempo. Levántate con margen para desayunar tranquilo y dejar que baje. Llega al parque ya digerido, no recién comido. Es mejor sentir un poco de hambre al salir que sentirte lleno en la salida.
Lo que sí te ayuda en Fortín
En Fortín amanece húmedo y se suda rápido. No salgas seco.
- Agua desde que te levantas. Un vaso al despertar y tragos pequeños hasta la salida.
- Algo de energía simple. Pan, plátano, arroz, lo que te asiente. Poco y conocido.
- Nada pesado. Grasa, picante y lácteos en exceso se sienten al correr.
- Café solo si ya lo tomas. Si tu cuerpo lo conoce, te despierta. Si no, te acelera y te manda al baño.
Lleva tu botella y un platanito para después. Cruzar la meta con sed y sin nada a la mano arruina la foto.
El baño también es parte del plan
Todos vamos al baño antes de correr. Todos. No te dé pena.
Llega con tiempo para ubicar los baños y pasar con calma. Los nervios aprietan y la fila se hace larga a minutos de la salida. Si dejas eso para el final, sales corriendo tenso y con la cabeza en otro lado.
Yo ahora aplico la de dos vueltas: una al llegar y otra antes de formarme. Entre una y otra, troto suave, muevo brazos, respiro. Llego a la salida ligero de estómago y ligero de cabeza.
Si te dan ganas de vomitar, no eres el único
A mí me pasó por comer de más. A otros les pasa por salir disparados. El estómago brincando, la boca seca, el aire que no alcanza.
Si te pasa, no te pelees con tu cuerpo. Baja a caminar, respira por la nariz, suelta el aire despacio. Toma un trago pequeño de agua, no medio litro de golpe. Cuando se asiente, retoma el trote suave. Terminar caminando y corriendo también es terminar.
Por eso la primera regla del desayuno es no estrenar. Ni comida nueva, ni geles que nunca probaste, ni pastillas que te recomendaron. Todo lo que entra a tu estómago ese día ya tuvo que pasar la prueba entre semana.
Llega a la salida listo para disfrutar
Esta carrera con causa se corre con el corazón contento. Vas por ti y vas por los niños de CREE. No la eches a perder por un desayuno de fiesta.
Deja tu ropa lista desde la noche, tu número pegado, tus tenis amarrados a tu modo. Levántate con tiempo, desayuna lo de siempre, hidrátate, pasa al baño y llega temprano a calentar. Cuando den la salida, solo piensa en llevar tu ritmo y en saludar a la porra.
Yo, después de lo de los tamales, no volví a inventar. Desayuno pan con plátano, agua y café de la casa. Y cuando cruzo la meta, ahora sí, me festejo con lo que haya. Te veo en Fortín.